miércoles, 13 de febrero de 2013

Capítulo 6

¡
-¿Katherine? ¿Por qué siempre la eliges a ella? Es... injusto ¿No me quieres? -La oscuridad de la habitación no me dejaba ver con claridad, pero sentí la sonrisa de Katherine... mientras hablaba con alguien ¿con quién?-

-Ay... pequeño... no sabes lo que dices -Katherine, pasó las manos sobre el rostro del chico, pude notar que el cerraba los ojos ante su tacto, disfrutándolo- Te quiero mucho, pero no de la forma que tu pides.

-¡Si! ¡Dijiste que si! ¡Que cuando cumpliera diecinueve años me darías una oportunidad! 

-Y bien, señorito. ¿Cuántos años tienes? -El desconocido bajó la cabeza avergonzado, aún sin responder, ¿podría ser...?-

-Tengo catorce... Kate... -Una leve carcajada, y una inclinación por parte de ella sobre la sombra desconocida, y después de un segundo, un ronce entre los labios de ambos... y un grito que me dejó sorda... ¿De donde provenía? Tarde en darme cuenta, que el grito salía de mi propia garganta mientras mi rostro se inundaba en lágrimas saladas-

-¿April? -La voz de Jeremy me asustó. Estaba tiritando y tirada en el suelo, llevaba la misma ropa que el día anterior y mis ojos estaban rojos- Cielo ¿qué pasa? -No estaba segura de contestar, estaba confundida, ahora estaba más perdida que antes, cuando creí que no podría estar nunca más perdida de lo que estaba-

-Una pesadilla, estoy bien, tranquilo -Sonreí intentando calmarle, estaba nervioso, y temblaba ligeramente, intenté descifrar sus pensamientos, saber que le rondaba por la cabeza, pero yo sabía que solo le rondaba la maldita responsabilidad de hacerse cargo de mi-

-Bien... arréglate, yo te prepararé el desayuno ¿vale? -Asentí insegura mientras me frotaba los brazos con las manos, para intentar controlar el frío que sentía-

Me levanté y miré mi habitación, estaba desordenada, incluso más de lo que la recordaba, había papeles tirados por todo el suelo, y mi mundo se cayó cuando me di cuenta de que eran papeles de las fotografías que compartíamos Justin y yo. El único recuerdo del Justin del que una vez me enamoré.

Salí corriendo de mi cuarto y entré en el de él como una fiera. Ya no me iba a volver a hacer esto, ya no más, estaba cansada de él y todo lo que tenga que ver con él.

-¿Quién coño te crees que eres? -Le grité mientras el se levantaba sobresaltado de la cama, no llevaba camiseta, solo un pantalón de pijama- ¿¡Quién coño te crees que eres?! -Grité con todas mis fuerzas mientras le golpeaba el pecho. Estaba delante de mi con las pupilas delatadas y muy desconcertado. Gilipollas- ¡Me has hecho la existencia una mierda! ¡Te has ocupado de hacerme sentir mal! ¡Eres un puto gilipollas! ¿¡Qué te crees que me importa una mierda mi vida?! ¿¡Qué no sé como es?! ¿¡Cobarde?! ¡VETE A LA MIERDA, CAPULLO! ¡Insultas mucho sin dar motivos! ¡Me ves y ya empiezas con las caritas de asco! ¡Pedazo de gilipollas, las caritas de asco que te las aguante tu novia, que yo no tengo por qué aguantarlas! ¡Ya tengo suficiente con aguantar mi puta vida! ¡si tantos te molesto... ¡¡¡¡¡PARA TI ESTOY M-U-E-R-T-A!!!! ¡FINGE QUE MORÍ YO, Y NO KATHERINE! ¡PERO DÉJAME DE UNA PUTA VEZ EN PAZ! -Mi garganta se quejó por todos mis gritos, y respiraba con dificultad, en mis ojos habían tantas lágrimas que no podía ver absolutamente nada, las sequé frustrada conmigo misma con el dorso de mi mano, y salí dando un gran portazo y dejando a Justin solo, como el había hecho en innumerables ocasiones conmigo-

Me sentía en paz. Por primera vez desde hace mucho, pude gritar desde el fondo de mi alma.

Me dejé caer sobre mi cama y me tapé los ojos con las manos, ahora si estaba llorando. Esas fotografías eran mucho para mi, y aun que el Justin de ahora me la sudaba, el Justin que fue, no.

Me levanté de golpe al oír como el coche de Justin se encendía y salía como si dependiera de vida o muerte, Jeremy no se había mezclado y prefirió irse al trabajo más temprano. Yo caminaría.

Me duché, vestí y peiné y cuando estaba apunto de salir, vi las tortitas encima de la mesa, me acerqué y las olí de cerca, pero antes de que pudiera caer en la tentación me alejé lo más rápido que pude deshaciéndome y olvidándome del olor de ese postre tan apetitoso y apetecible.

Esta vez llevaba dinero, subí en el autobus y le pagué al chico del otro día, el día de hoy y el anterior, y mientras sonreía me despedí de el.

El camino se me hacía eterno, y mis ojos se abrieron de par en par cuando vi a Justin peleándose con ¿cuántos? ¿tres? chicos de nuestra edad, más o menos, Justin pegaba sin dudar y sin piedad, por lo que los otros hacían lo mismo, y aun que fuera difícil de creer, tuve la necesidad de ir a auxiliarlo cuando uno de ellos se abalanzó sobre él y le daba un golpe tras otro. Pero recordé que era exactamente así como él me hacía sentir cada vez que me insultaba o me miraba con cara de asco. Como si me hubieran dado una paliza brutal y luego me hubieran dejado tirada y abandonada a mi suerte.

Las clases eran aburridas, incluso más que el primer día, Manzana estaba algo enfadada porque las dejé tiradas pero por lo demás, el día fue igual. Me crucé varias veces con Casandra, y en todas esas veces me preguntó por Justin, a lo que yo solo respondí con un encogimiento de hombros. Que se joda ese imbécil, bastante mierda me ha hecho comer ya.


Estaba recogiendo mis cosas, o las pocas cosas y apuntes que tenía, me pasaba la mitad de las clases con mi Ipod escuchando música, cuando sentí un escalofrío en mi espalda.

Me giré y me quedé helada, Justin estaba delante de mi, lleno de heridas y moratones, con cara de dolor y cogeando. Aun que intenté resistirme, no pude evitar ir corriendo y agarrarlo mientras apoyaba uno de sus brazos alrededor de mi cuello y lo sentaba en mi asiento. Nos quedamos en silencio. Estaba claro que me estaba buscando pero yo no tenía nada que hablar con él, seguía enfadada, muy enfadada y no iba a dar mi brazo a torcer tan rápido.

-Tenemos que hablar -Dijo por fin-

-No quiero hablar. -Contesté seca e impasible-

-¿No quieres hablar o no quieres hablar conmigo? -Rió sarcástico. Yo seguí seria-

-Las dos, pero más la segunda que la primera -Continué recogiendo mis cosas mientras el me miraba de los pies a la cabeza-

-Me pasé... lo admito... fue... doloroso ver todo aquello y lo hice antes de que pudiera detenerme -Paré de recoger un momento, me giré totalmente hacia él y lo miré, intentando descubrir si me mentía o si me decía la verdad-

-Me da igual

-A mi no... es más -Se sonrojó ligeramente- Fui yo quien colocó en ese orden esas estúpidas fotografías... pero tenerte allí fue... demasiado para mi

-¿¡Y no lo fue para mi?! ¡Me gritaste en mi cara mil cosas, mientras estaba perdiendo a la única persona que podría haberme querido de verdad! No estás en tu sano juicio. -No contestó inmediatamente, prefirió observarme y escoger bien las palabras con las que me iba a contestar-

-Supongo... que debería darte alguna que otra explicación -Sonrió de forma nostálgica. Una sonrisa dedicada a Katherine, me volvió a comer la ira.... ¿Por qué narices siempre era ella y no yo?-

-Habla antes de que me vaya -Pareció dudarlo unos momentos, pero asintió, cogió aire y me preparé para escuchar algo que seguramente me haría daño-

-Me dio rabia que no lloraras, por la chica a la que una vez amé el día de su muerte -Lo dijo todo de carrerilla sin parpadear ni respirar en toda la frase- Fin. Eso es todo.

-Entonces, con más razón hago bien en estar enfadada...

-¿Estás enfadada? -Sus ojos eran incrédulos, como si no pudieran creerse lo que estaban viendo o escuchando, ¿por qué este tío es así?-

-No... solo sé que la cosa acabará ahí para ti, pero no para mi -Me acerqué hasta quedar a centímetro de su cara- Mi final continúa, y no es precisamente un final feliz de cuentos de hada. -Me alejé, lo miré por última vez y me fui-

Había vuelto en taxi, no tenía ganas de coger el autobus, e incluso sospechaba con que lo había perdido, de todas formas, no era algo que me importara, mientras llegara a casa...

Entré y como era habitual y había descubierto apenas esa misma semana, todo estaba a oscuras y en silencio. Aquella casa que fue una vez el nido de risas infantiles y palabras de cariño y amor. Todo se había desvanecido.

Abrí despacio la puerta de mi habitación, todo estaba recogido, y las fotografías habían sido malamente restauradas, aun que teniendo en cuenta el estado en las que se encontraban, era increíble que tuvieran si quiera un mínimo de sentido, cogí un puñado donde solo salíamos Justin y yo, riendo y cogidos de la mano, el estaba siempre haciendo tonterías para que nos riéramos, y lo conseguía. Pasé las fotografías despacio fijándome en cada detalle, y fruncí el ceño al ver que las únicas fotografías que estaban rotas eran las de Justin y las mías y que las de Katherine estaban perfectas, sin un solo rasguño.

En un ataque de ira cogí las fotografías que tenía en las manos y las de Katherine y las tiré al suelo, cogí todo lo que encontraba, ropa, la mochila, libros, y lo iba tirando de un lugar a otro, solo podía oír el ruido de cosas rompiéndose. Pero me daba exactamente igual.

Una vez con todo destrozado, me percaté del hambre feroz que tenía, en ved de comer o ir a beber, me tumbé mirando hacia el techo y tirada en el suelo. Me apetecía dormir, y que en aquel sueño solo saliera yo, yo sola, sin nadie. Con mis pájaros quizás, pero con nadie más, estaba harta de todos, de todos.

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