«Cuando
la vida te maltrata, te tira y no deja que te levantes, es difícil
contradecirla, levantarse, o al menos, intentarlo. Te pasas toda la vida luchando por alcanzar
algo que nadie sabe con certeza que existe. ¿Qué es esa felicidad de lo que
todos hablan? ¿Por qué nadie que yo conozca la ha conseguido en su plenitud? ¿Es esa “felicidad” una mentira, para hacernos
a todos la vida un poco “más llevadera”? ¿Por qué luchar por algo… que no
parece existir? ¿Ahí afuera hay algo? ¿Puedo confiar? ¿Puedo dejarme caer? ¿Me
sujetarás? ¿Me ayudarás a extender las alas hacía el cielo, ahora teñido del
color de tus ojos? ¿Volarás…? No…
¿Volarás a mi lado?
Confío
en ti, Jeremy. No me dejarás. Lucharás por mi, sé que lo harás. Me salvaste, y
puede que nadie que yo conozca haya alcanzado la “felicidad” pero… si a alguien
que si la alcanzó, más cercana a mi que cualquier otra persona. Yo. Gracias a
ti.
Tu me
ayudaste a continuar a pesar de que mis alas, una vez fueron arrebatadas. Tu me
dejastes las tuyas, y me permitiste aferrarme a tus hombros. No lo olvidaré
jamás. Aun que… Deje de estar a tu lado… Aun que abandone este lugar. Seguirás
en mi corazón. Porque a pesar de que todos dijeron que el cáncer me venció, yo
sé que no. Luché con todas mis fuerzas, ni para mi, ni para ti, eso es perder.
¿Me equivoco? Ambos sabemos que no lo hago. Y por última vez, repito, que mi
corazón se quedará siempre a tu lado. No te dejará, ni tampoco yo lo haré.
Con
todo el amor que una vez te pude entregar, y la esperanza de que algún día rehagas
tu vida, Katherine. «
5 años
después
—Hola April.
¿Qué tal el viaje? –Esa persona, a mis ojos un completo extraño, tenía una
mirada dulce, pero pude ver, que no todo lo que mostraba era lo que de verdad
sentía. Pude percibir en esas sencillas palabras dolor, mucho dolor. Y estaba prácticamente
segura del motivo del dolor-
—Normal,
supongo –Hice una esfuerzo sobrehumano por sonreír. Pero por más que lo
intentara no podía, en el había tantos recuerdos. Tantas lágrimas derramadas
sin ningún motivo-
—Bueno…
Tendrás hambre –El extraño volvió a sonreír. Se esforzaba en parecer calmado,
se esforzaba en parecer normal…-
—Si… tengo…
hambre –Mentí lo mejor que pude, a pesar
de eso, ambos sabíamos que no serviría de nada toda aquella farsa-
—¿Te gustan
los guisantes con jamón? –Hice una mueca
ante aquella… despiadada pregunta. Sin duda me atacó por la espalda, los
odiaba-
—No
realmente -Bajé con vergüenza y pena mi
rostro, y jugué con los dedos de mis manos, esperaba que se hubiera defraudado
y que se quisiera deshacer de mi cuando apenas acabábamos de vernos después de
tanto tiempo-
—Menos mal –Su respuesta me impresionó- Todos en esta casa los odiamos -El sonrió, y no pude evitar sonreír también,
había olvidado por un momento, que aquel hombre fue un día mi “Padre” mi “mejor
amigo” … Jeremy-
Entramos en la hermosa casa vista desde
afuera, la decoración era una obra maestra, todos aquellos pequeños detalles,
sin lugar a dudas eran increíbles y seguramente también eran recuerdos. Jeremy
dejó mis pequeñas maletas de un color lavanda suave en la puerta principal, dos
en total, y rozó mi hombro con su mano derecha de una forma cariñosa, como si
supiera que lo estaba pasando mal. Muy mal. Perdida. De nuevo.
Mi cuerpo se
tensó, cerré fuertemente los ojos, quería salir corriendo, no quería estar en
aquel sitio, no ahora, aun no. Había pasado mucho tiempo desde que aquel chico…
había tenido el valor de mirarme a la cara, y llamarme cobarde, cuando sus ojos
estaban tan aguados, que parecía que me estaba echando en cara, que fuera él el
que estaba así y no yo. No reaccioné. Dejé que me gritara y me insultara, no me
defendí. No podía. Tenía razón.
Jeremy sabía
como me encontraba. Parecía entenderme, a pesar de que ya habían pasado cinco
años, y parece que fue ayer cuando toda mi vida se arruinó. Cuando toda mi vida
parecía haberse destrozado y haberse ido la paz. Junto a ella. Junto a
Katherine.
Mi cuerpo tenso,
se tenso aún más cuando le vi. El flequillo cayendo de forma desordenada sobre
sus ojos, su pelo seguía rubio, incluso más que antes. Sus ojos color miel estaban
clavados en algo que solo el sabía. Aun que quizás, ni si quiera él. Llevaba
una camiseta blanca en forma de V y encima una sudadera roja y blanca. Sus
pantalones vaqueros caían ligeramente dejando ver sus bóxer. No se percató de
mi presencia, si lo hubiera hecho, hubiera salido corriendo nada más verme.
Iba a
sentarse en el sofá cuando se paró e secó clavando sin pudor sus ojos sobre mi.
Sentía que su mirada quemaba mi cuerpo, no quería bajar la mía, pero no me
quedó más remedio. No era lo suficiente fuerte, al menos no por ahora.
Tardó en
identificarme. Cuando lo hizo, abrió los ojos como si hubiera visto un
fantasma, e intentó salir corriendo.
Jeremy no le
dejó, le frenó en seco.
Murmuraron
algo que no llegué a oír, y después él maldiciendo por lo bajo se dio la vuelta
hasta estar frente a mi.
Sentí que mi
pecho subía y bajaba por la tensión acumulada. Intenté estabilizarla pero fue
inútil, siempre me sucedía aquello cuando él me miraba con esos ojos, de esa
manera, que se había hecho tan habitual como si tratase de respirar, aun que
eso en presencia de él tampoco era posible.
Jeremy tosió
de forma brusca. Adiviné que le estaba haciendo una señal al chico que me
clavaba anillos de fuego a través de su mirada, gruñó y suavizó su mirada. O eso
intentó.
-Bueno
chicos… Intuyo que ya se habrán… acordado –La incomodidad aumentó, si antes
quería salir corriendo ahora quería desaparecer-
-Lamentándolo
mucho –Jeremy le miró mal. Aun que después de todos sus comentarios ofensivos
ese era un simple rasguño- si… –apretó los dientes con furia, ira-
-April –Jeremy
se acercó a mi, este era el peor momento de todos, tendría que tender mi mano y
ofrecérsela para ver como la mira con asco y la rechaza en rotundo- Drew –Me extrañé
al ver que lo llamaba por aquel nombre-
El volvió a
gruñir. Apretaba fuertemente sus puños. Yo por el contrario, le tendí mi mano.
Y como siempre. La miró con asco, y esperó unos minutos a que diera por aludido
su rechazo. Ni si quiera quería tocarme la mano. Aun que fuera un roce.
Jeremy indignado
pero a la vez, conforme al saber que no conseguiría más de él, fue a buscar mis
maletas, para subirlas por una larga y alta escalera. –a mi cuarto- predije.
Drew y yo
nos quedamos a solas. Su mirada me estaba matando. Si no decía algo explotaría.
-Con que…
Drew… -No pude evitar una carcajada muda, su mirada se nubló detrás de su
flequillo-
-No me llames.
No te atrevas a nombrarme –De un momento a otro, noté como nuestros alientos se
mezclaban por distintas razones. Una por el odio hacia mi, y otra por los
nervios que le producía aquel chico-
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